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El Revoltoso


Revoltoso desde que tenía uso de la razón, mantenía un ritmo de vida rico. Le encantaba la revuelta, reyerta y la ruindad. Quien lo conociera por primera vez diría que andaba con un rosario en la mano.

Rural de nacimiento se crió en la ciudad donde adquirió su rutina la cual era bastante ruidosa. Su rapidez en radicarse como el rabioso del vecindario fue asombrosa. Rebelde sin causa le encantaba recatar sus verdaderos sentimientos hacia aquellos que le rodeaban. Le agradaba el reconocimiento por sus logros pero recóndito en reconocer a otros. A pesar de sus deficiencias de carácter se puede decir que fue un hombre recio y recto.

Todo eso cambio un día cuando tuvo que recluir a su progenitora en un hogar de ancianos. La llevo temprano en la mañana con la excusa de que tenia una cita con el médico.

Ella, reclusa de mente, en un momento de lucidez se lo agradeció aunque no entendía el porque de la visita. La dejó tratando de esconder las lágrimas de remordimiento, preguntándose como la tratarán. El recorrido a su casa se hizo largo, se detuvo varias veces a recoger las lágrimas y por poco regresa al hogar a recoger a su anciana madre.

Al llegar a su refugio comenzó a sentir los regaños de su conciencia. Se prometió reformarse y visitarla todas las semanas.

La gerencia del hogar no permitía visitas la primera semana. Esto le daba tiempo al residente a acostumbrarse a su nuevo ambiente.

¡Que largos fueron esos días! Renuente al principio a visitarla, no por falta de tiempo sino por el resentimiento de no haberla atendido cuando estaba en todo su juicio.
Después de dos semanas sacó la valentía suficiente para verla. Con resistente resignación se montó en su coche y recorrió el largo camino a ese hogar de ancianos donde dejó a su mama.

Al entrar vio la conmoción en el pasillo y al mirar su cama se acordó de una canción que su papa escuchaba de un reconocido cantante.



La cama vacia.